Leyendas de Sevilla

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Leyendas, historias y misterios están presentes en nuestras ciudades y Sevilla es un gran ejemplo de ello.

Leyendas de Sevilla

Te contamos las historias y leyendas que guardan estas joyas.

El paso del tiempo, las prisas de la sociedad y las ocupaciones diarias ente otras cosas hacen que no prestemos atención a la cantidad de curiosidades y anécdotas que estuvieron presentes hace muchos años en Sevilla y que hoy por hoy siguen aún en nuestra ciudad, dando vida a estas impresionantes leyendas que os contamos a continuación:

LEYENDA DEL NO&DO DE SEVILLA

leyenda sevilla nodo

Existen diferentes leyendas sobre el NO&DO de Sevilla pero escogemos ésta ya que es la que consideramos más bonita y más comentada a través de la historia.

Nos transportamos al S. XIII donde Alfonso X “El Sabio” era un hombre de letras, una eminencia en cuanto a artes y ciencias se refiere. Pero como cualquier persona humana, Alfonso X tenía sus carencias y aunque era muy culto e instruido, no sabía muy bien cómo gobernar, cosa con la que el pueblo estaba descontento con él.

Entonces se fueron creando bandos que hicieron peligrar su reinado. Por un lado estaban los que apoyaban a su hijo, Sancho, quien se había alzado en armas y contaba con el apoyo de su madre. Por el otro lado estaban los que se mantenían fieles a Alfonso X.

El príncipe Sancho iba ganando terreno casi sin esfuerzo pero no quiso atacar a su padre, mayor y débil y respetó la ciudad de Sevilla.

Alfonso X pasó sus últimos días de vida arropado por el pueblo sevillano que manifestó hacia él su cariño y apoyo hasta el final y en señal de agradecimiento al pueblo tan leal con él, otorgó un lema a modo de jeroglífico para el escudo de la ciudad, formado por dos sílabas: NO y DO, con una madeja en medio.

La lectura de este emblema corresponde a “no madeja do” que haría referencia a que Sevilla no lo había dejado, no lo había abandonado.

El candil que iluminó al asesino Si todavía no conoces la leyenda de la calle Cabeza del Rey Don Pedro puedes leerla aquí Pocos son los que se han fijado en que cerca de la calle Candilejo pende desde una ventana el candil con el que una vieja iluminó el rostro del Rey Don Pedro mientas asesinaba a su enemigo.

El santo de tres manos: Al lado de la puerta del Perdón de la Catedral de Sevilla se encuentra el Santo San Pablo. Bajo la escultura hay una peana donde el Santo descansa.
Bajo de esa peana aparece la tercera mano.

Lápidas romanas en la Giralda: En la parte inferior de la Giralda, cerca de una esquina, encontramos dos lápidas de mármol del S. II de soldados romanos. Parece ser que provienen de edificios romanos de la conocida Hispalis, como el teatro o el foro, lugares que quedaron en desuso cuando los musulmanes conquistaron la ciudad.

Columnas Romanas: detrás de la calle mármoles se encuentran 3 columnas romanas. Según los arqueólogos son restos de un templo que existió en Híspalis en ese mismo lugar.

LEYENDA DEL HOMBRE DE PIEDRA

Vamos a relatar una de las leyendas que por aquellos tiempos desafiaban peligrosamente a la fe cristiana.

En la Plaza del Salvador se desarrolla esquina con la calle Villegas, nos encontramos una cruz de gran tamaño en el muro de la Iglesia la cruz de la Culebra y bajo ésta podemos ver una lápida con un rezo, recordando la devoción y obligación que existía en Sevilla de ponerse de rodillas en el suelo cuando pasase el Santísimo Sacramento.

Nos situamos en el barrio de San Lorenzo donde en la calle Buen Rostro había una taberna, allá por el s. XV. En la taberna había varios amigos y al oir los rezos del Santísimo Sacramento que se acercaba, los bebedores de la taberna salieron y se arrodillaron al paso de la comitiva. Entre ellos se encontraba Mateo “el rubio”, que presumiendo que parecían mujeres arrodilladas, pregonó que él no se arrodillaba, que se quedaría de pie siempre.

Y efectivamente así se quedó ya que un rayo divino cayó sobre él justo en ese momento, el cual le hundió de pie hasta sus rodillas en el suelo convirtiendo su cuerpo en piedra. Su torso se puede contemplar en la antigua calle Buen Rostro la cual desde entonces pasó a llamarse calle Hombre de Piedra ya desgastado por el paso del tiempo.

leyenda hombre de piedra

LEYENDA DE DOÑA MARÍA CORONEL Y EL REY PEDRO I

Una de las leyendas pasionales nos remonta a mediados del S. XIV, María Fernández Coronel era una joven bella sevillana que estaba casada con Don Juan de la Cerda y por aquel entonces, el rey Don Pedro I “El Cruel” conoció a la joven y quedó locamente enamorado de ella.

El rey Don Pedro era apodado “El Cruel” porque al parecer Don Pedro era un hombre terco, antojadizo, caprichoso y sin escrúpulos y perseguía a Doña María haciéndole deshonestas proposiciones a las cuales ella no accedía.

El orgullo del Rey y sus ganas de vengarse le llevaron a ordenar que ejecutasen al padre de la muchacha y luego a su marido, acusándolos de traidores y no contento con esto, embargó todos los bienes de Doña María.

LEYENDA DE SANTA LIBRADA

La historia de Santa Librada es una de las leyendas que sorprendieron al pueblo por aquel entonces. Era nonelliza, esto es que un mismo parto nacieron nueve hermanas. Repudiadas  por su madre romana fueron entregadas y bautizadas por una esclava cristiana que las cuidó.

Vivió en el S. VIII y siendo niña su padre rey de Portugal la prometió en matrimonio al rey moro de Sicilia.

Ella para evitar el casamiento hizo voto de castidad y se negó a comer y rogó una y otra vez a Dios para que la convirtiera en un ser horrendo y repulsivo. Tuvo repuesta sus oraciones y a medida que la enfermedad avanzaba, sus uñas empezaron a romperse  y en el rostro y el cuerpo de la niña empezó a crecer vello o pelusa, un síntoma del desequilibrio hormonal causado por una desnutrición gravísima, por lo que también es representada como “mujer barbuda”

Con esto el rey rompió el compromiso al quedar tan horripilado con su fealdad y su padre entró  en cólera, acusándola de herejía y como castigo ordenó que fuese crucificada.

Es la única Virgen que está representada en una cruz, la podemos encontrar en la Iglesia del Salvador, antiguamente su lugar era aleatorio ya que los fieles a ella le rogaban milagros y debían de encontrarla entre los rincones de la Iglesia para que se los concediesen.

Actualmente esta característica Santa, tiene un sitio fijo junto al altar de la Hermandad de Pasión en la Iglesia del Salvador.

Las continuas persecuciones e insolencias de Don Pedro I llevaron a Doña María a refugiarse en la ermita de San Blas y posteriormente ingresó como monja en el convento de Santa Clara, donde se escondió en una zanja que posteriormente taparon con tierra, por lo que no pudieron encontrarla cuando envió a sus vasallos a buscarla.

Aunque contaba con diferentes amantes, haciendo gala de su obstinado carácter, siguió buscándola hasta que un día se presentó por sorpresa en el convento y dio con ella.  Doña María viéndose acorralada quiso acabar con todo aquello y se derramó aceite hirviendo sobre su rostro y parte del cuerpo, desfigurando así su belleza y el Rey al verle el rostro huyó y la dejó en paz.

Pasado un tiempo, muerto el rey Don Pedro I y estando en el trono el sevillano rey Enrique II de Trastamara, Doña María recupero casi todas sus posesiones con las que fundó el convento de Santa Inés, en el que hoy descansa su cuerpo incorrupto.

Doña María murió a una avanzada edad y fue enterrada en el convento y años después durante una restauración fue encontrado su ataúd con el cuerpo perfectamente conservado, incluso se le pueden apreciar las cicatrices en su cara a consecuencia de las quemaduras que ella misma se produjo.

Su cadáver se introdujo en una urna y el día 2 de diciembre de cada año puede contemplarse en la Iglesia de Santa Inés.

ALGUNAS OTRAS LEYENDAS DE SEVILLA:

Esta es otra de las leyendas que también protagoniza el rey Don Pedro I “El Cruel” y tiene como escenario Los Reales Alcázares de Sevilla. Se trata de un crimen pasional que tuvo lugar a mediados del siglo XIV.

El rey estaba casado con Blanca de Borbón y según decían, el matrimonio sólo se consumó dos veces por motivos que no estaban demasiado claros pero se piensa que el monarca se enteró que Doña Blanca mantenía relaciones sexuales con su hermanastro Don Fadrique, al que mandó a llamar a los Reales Alcázares de Sevilla para hablar con él.

Esta conversación derivó en una fuerte discusión que acabó en tragedia, Don Pedro I acuchilló a su hermano con una daga hasta causarle la muerte.

Dado que el suelo del Alcázar era de mármol y estaba en bruto y sin pulimentar, absorbió la enorme mancha de sangre de Don Fadrique y hoy en día aún puede contemplarse en la sala de los azulejos.

Contamos a lo largo de nuestra historia con bastantes leyendas que ponen los pelos de punta, pero consideramos que ésta es una de las más macabras.

Justa y Rufina fueron dos hermanas nacidas en Sevilla en los años 268 y 270, muriendo las dos en el año 287. Procedían de una modesta familia de fuertes convicciones cristianas y se dedicaban al oficio de alfareras.

Eran los festejos en honor a Venus, se recorrían las calles con la figura de la Diosa, se recogían donativos para las fiestas y se obligaba a su adoración. Las hermanas se negaron a aportarlos por lo que se  enfrentaron con la comitiva de mujeres que precedía la procesión, llegando a romper la figura de Venus.

Diogeniano, prefecto de Sevilla, ordenó que fueran encarceladas y les propuso que abandonasen sus creencias cristianas si no querían ser víctimas del martirio.

Al ver que no cedían a abandonar su fe, el Prefecto mandó que las torturasen con garfios de hierro y en el potro, creyendo que cederían ante los tormentos, pero ellas soportaban todo. Mandó entonces a encerrarlas en una cárcel, donde sufrieron las penalidades del hambre y la sed.

Ellas seguían ante el asombro de todos resistiendo sus torturas, y las enviaron a andar descalzas hasta Sierra Morena, cosa que también superaron las hermanas, tras esto las mandó encarcelar hasta su muerte, fue Justa la primera en morir, siendo su cuerpo tirado en un pozo y rescatado por el obispo Sabino.

El Prefecto creyó que, estando Rufina sola, sería más fácil doblegarla pero al no conseguir nada, ordenó que la llevaran al anfiteatro y la pusieran delante de un león para que la despedazase. El león se acercó a ella y solo agitaba la cola y lamía los vestidos como un corderillo.

Enfurecido el Prefecto, mandó degollarla y quemarla posteriormente y fue de nuevo el obispo Sabino quien recogió las cenizas y las enterró junto a su hermana.

Desde entonces su fe alcanzó una gran fama, siendo nombradas Patronas de Sevilla y de los gremios de alfareros.

Están representadas junto la Giralda, portando palmas como símbolo del martirio y con diferentes objetos de barro en alusión a su profesión de alfareras y en la Catedral, el altar más cercano a la Giralda está dedicado a éstas dos hermanas Santas, Justa y Rufina.

Es una de las leyendas que más conmovieron a Sevilla por lo espeluznantes de los hechos. En tiempos de reconquista, esta calle se llamaba calle de Espaderos, ya que en ésta había un hospital y hermandad que hacían espadas.

A finales del S. XV empezaron a suceder una serie de desapariciones de niños y no se volvían a saber más de ellos. Desaparecían durante la noche al dormir o mientras jugaban en la calle, y ya no se volvían a ver ni vivos ni muertos.

A raíz de estos sucesos las madres preocupadas llevaban a sus hijos pegados a sus faldas todo el tiempo y los dormían  en sus brazos por temor a que pudiese ocurrirles algo. Corrían rumores de todo tipo: que los niños eran robados por judíos, por piratas turcos, etc.

Pero un día, Alfonso de Cárdenas, que regentaba la ciudad por aquel entonces, fue alertado por un preso fugitivo quien de momento no quiso dar su nombre, ofreciéndole a Don Alfonso información sobre el robo de los niños a cambio de su libertad. Al firmar el acuerdo se supo que ese esclavo era Melchor de Quintana y Argüeso, condenado por participar en una rebeldía contra el Rey.

Melchor condujo a Don Alfonso hacia el autor de las desapariciones de niños. Era una enorme serpiente, gruesa como un hombre y de más de 20 pies de largo, la cual tenía una daga clavada en el cuerpo y fue el mismo Melchor quién le propició la muerte a ese condenado monstruo.

El animal fue expuesto en la calle Espaderos y venían a verlo desde todos los barrios de Sevilla, borrando de la memoria el nombre de Espaderos y hablando de la calle como la calle de la Sierpe.

En el cementerio de Sevilla hay una tumba que resalta de las demás, es la tumba de un famoso escultor sevillano llamado Antonio Susillo. En esta tumba se encuentra la talla de un crucificado, el Cristo de las Mieles, tallado en bronce y el cual fue su última obra.

Esta es una de las trágicas leyendas que vivió Sevilla hacia el S. XVIIII, cuando el escultor al hacer este Cristo lo talló con las piernas al revés, lo hizo con la pierna izquierda sobre la derecha y al contemplar su obra se dio cuenta del fallo. Esto le afectó tanto que no pudo soportarlo y se quitó la vida a los 39 años de edad.

La Iglesia de aquella época, tras la petición de los sevillanos, permitió que fuera  enterrado bajo su Cristo en lugar de enviarle al Cementerio Civil como se hacía entonces con aquellos que se suicidaban.

Antonio Susillo se encuentra enterrado en la glorieta principal del Cementerio de San Fernando de Sevilla debajo del Cristo de la Miel, denominado así porque unos días después del entierro se observó que el Cristo lloraba miel. Se consideró como milagro divino atribuido a que el escultor lloraba su pena, su dulce pena.

Posteriormente se supo que Antonio Susillo había hecho la talla del Cristo hueca ya que ésta tenía un gran peso y un panal de abejas hicieron una colmena dentro, de ahí que la miel brotara hacia fuera aunque este Crucificado sigue conociéndose hoy en día como El Cristo de Las Mieles.

Actualmente cada día 1 de noviembre se visita en el Cementerio a las personas queridas que allí se encuentran presididas por las  lágrimas de miel de aquel escultor Sevillano.

Vivió en Triana un gitano apodado “Cachorro”, quien atravesaba cada día el puente de barcas para llegar a Sevilla. Un payo que lo observaba sospechó de él, pensando que su visita era para cometer adulterio con su esposa.

Los celos llegaron a tales extremos que, un día, sabiendo de la visita del gitano, lo esperó oculto y mientras éste sacaba agua del pozo de la Venta Vela, le fueron asestadas siete puñaladas que le ocasionaron la muerte.

Se cuenta que el escultor Don Francisco Ruiz Gijón, estuvo presente en el suceso y presenció la agonía del gitano Cachorro. Impresionado por esa mirada de dolor en el momento de la muerte, hizo suya esa terrible agonía del gitano Cachorro y la plasmó al más mínimo detalle en la figura de la talla del Cristo de la Expiración.

Más adelante tras una exhaustiva investigación se conoció que efectivamente “el Cachorro” iba a visitar a una mujer, pero se trataba de su hermana bastarda. El gitano quería mantener esas visitas en secreto por temor a perjudicarla pero fue descubierto y acusado de aquellas erróneas intenciones.

Se puede ver en la capilla del Patrocinio, en la calle Castilla y paseando por las calles  de Sevilla en su día de gloria, el Viernes Santo.

Siendo ésta una de las leyendas más recientes no deja de ser una preciosa historia donde una vez más se pone a prueba la fuerza de la fe.

Juan Araújo decidió colgar sus botas como delantero de un equipo sevillano en 1965 a consecuencia de una grave enfermedad que acechó a su hijo.

Lo llevó a los médicos más prestigiosos pero no hallaron remedio alguno. Con un hilo de esperanza acudía muchas tardes a la iglesia de San Lorenzo a pedirle al Señor del Gran Poder del que era devoto, que lo curase.

En su desesperación le pidió una y otra vez que sanara a su hijo. Tras el trágico desenlace, roto de dolor, renegó de su fe y le dijo al Gran Poder que jamás volvería a su Iglesia, “Que sepas que ya no vengo más a verte porque no has querido salvar a mi hijo. Así que si quieres verme, vas a tener que ir tú a mi casa…”

Tiempo después se celebraron en Sevilla las llamadas Misiones Populares, donde varias imágenes de la Semana Santa sevillana recorrían el casco histórico de la ciudad. Al Gran Poder le correspondió la zona de Nervión, donde Araújo había montado un taller.

La lluvia sorprendió a la cofradía en el día de la procesión y  buscó refugio en un templo cercano, el cual estaba cerrado. Al ver la nave del taller de Juan Araújo, decidieron llamar para buscar cobijo. “¿Quién es?»” preguntó, y la respuesta que obtuvo fue “El Gran Poder”.

Cuando abrió, boquiabierto encontró al Cristo en la puerta, que como cumpliendo un desafío de hombre, venía a verlo a su casa. Antonio Araújo, cayó arrodillado al suelo llorando, tan sorprendido como arrepentido por su desafío al Santísimo Cristo del Gran Poder.

Sin duda éstas y otras leyendas que sucedieron enriquecen nuestro patrimonio históricoconstituyendo parte de la cultura y tradición de una ciudad como es Sevilla.

Por lo tanto debemos recordar que las leyendas no son solamente relatos si no que contienen muchos datos y aportes interesantes que se siguen transmitiendo de generación en generación por el paso de los siglos.

Así que es importante recordar que cuando cuentas alguna leyenda estás preservando parte de la historia de tu tierra.

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